El poder del fútbol

Se esfuma el 2009 y sólo a minutos de comenzar el 2010 reflexionamos sobre el año concluido y quizá entramos en esta notable cursilería de resúmenes y balances que cada año nos obliga por estas épocas de fiestas la carencia de noticias. Y es que somos dignos hijos de "nuestra madre patria". Si España descansa nosotros descansamos, pero más al influjo de la herencia y las costumbres que por la necesidad física del descanso.

Muero de sana envidia con Inglaterra, en donde fieles a sus tradiciones las navidades desbordan fútbol y el más popular de los deportes se convierte -como debería ser- en el fiel cómplice de estos días haraganes sin oficina y sin escuelas. El fútbol sabe llenar los espacios y sus emociones copan las ausencias. Nosotros no. Cómodos y ausentes debemos refugiarnos en la elástica estatura del baloncesto o aprender "a las malas" el vericueto extraño del reglamento que regenta el emparrillado de los gordos.

Muchos me dirán que el fútbol vive una sobre saturación y que es sano el paréntesis navideño para darle recreo al alma futbolera. Yo pienso lo contrario. Creo que las vacaciones pudieran tener otra época que de verdad coincida con el final de los calendarios futboleros europeos que, a mi juicio, son el molde ideal de competencia. Estos curiosos y mediáticos torneos cortos son un engaño a los números y un castigo a la historia. Ahora en nuestro querido Nuevo Mundo cualquiera con 10 partidos ganados reclama una estrella en su escudo y quiere una corona cada cuatro meses desvirtuando de un tajo la realidad competitiva de una temporada completa.

Pero por donde se mire el tema nos lleva siempre a lo mismo: el fútbol es tan grande y poderoso que nos permite debates y polémicas en donde juega hasta el almanaque. Y más ahora que llegamos al dígito soñado: 2010, año de Mundial. Cuando olvidamos nuestras penas para llenarnos de alegría futbolera y centramos miradas y energía en el gran evento que cada cuatro años paraliza la tierra.

Es un año especial en que nos cambian las costumbres, los horarios y los gustos. Nuestro reloj biológico se alista para latir al ritmo que esta vez dicta la fiesta con que nos espera el Sur de África. Aprendemos palabras de otro idioma, bromeamos en Zulú y pronosticamos hasta en Esperanto. Cambian las vitrinas, se renuevan los anuncios, las modelos lucen futboleras, las cervezas dicen ser más frías y baratas, la ropa femenina la anuncian más ligera, los chocolates más dulces, los bancos más generosos, los coches más rápidos y las poderosas ensambladoras de Televisores nos venden como pan sus más sofisticados y extra planos adelantos.

Es el poder del fútbol. La gran fiesta que cada vez es más grande y poderosa, la ecuménica reunión de la que nadie quiere estar afuera. Es deporte y es moda, es fiesta y es religión, es baile y es danza, es ballet y es arte y es la combinación más grande que sólo permite este deporte que se convirtió en el principal fenómeno social de la Tierra.

Se fue el 2009 con sus alegrías y sus tristezas, pero nos llega nuestro año, este en el que renovamos nuestros votos ante el sagrado altar del fútbol que prepara Sudáfrica. Es tan grande su poder que el 31 de diciembre a la medianoche no decimos 'Feliz Año', gritamos 'Feliz Mundial'.

Ricardo Mayorga, ha sido comentarista por doce años de Telemundo, Univision y Telefutura en Estados Unidos además de periodista sindicado de radio y columnista de periódicos como Triunfo en Atlanta, El Tiempo Latino de Washington y HOY en Nueva York, Chicago y Los Ángeles y colabora con sus artículos en FutbolMLS.com. Todas sus columnas pueden ser leídas en su página www.mayorgadefrente.com