Que no se pierda lo bueno

Es muy común por estas latitudes escuchar hablar con cierto desprecio del fútbol de este país. Esas mismas voces, no les quepa la menor duda, serán las que se subirán al carro del triunfo en muy poco tiempo, cuando no tengan más remedio que aceptar una realidad inminente. El fútbol estadounidense crece y crece. La selección juega bien, más o menos o mal, pero sigue ganando y subiendo escalones y acumulando prestigio.

La liga profesional, dígase MLS, ha alcanzado a esta altura un desarrollo que muchos ni se imaginaban y va camino, con el aumento de equipos el año próximo, de alcanzar niveles insospechables. En menos tiempo del previsto por el más optimista, los equipos de este país salen al exterior y le juegan de igual a igual a cualquiera. Los jugadores de la MLS son codiciados por potencias mundiales y muchas de las selecciones que están compitiendo en las Eliminatorias Mundialistas para Alemania 2006, se nutren permanentemente de jugadores que pertenecen a equipos de los Estados Unidos.

Todo esto sirve como introducción para aseverar que el camino recorrido no ha sido en vano, y que va dejando una huella tan honda, que por ella, podrán transitar con mayor facilidad en el futuro, quienes lleguen para ser parte de este fútbol. Pero en definitiva no es nuestro tema de hoy. Nos queremos enfocar en ese entorno maravilloso que permite que sean quizás los Estados Unidos, el único país en el cual el aficionado puede concurrir junto a su familia, con la absoluta garantía de entrar y salir del estadio sin ningún inconveniente, sea cual sea, el resultado. Un partido de fútbol, simplemente eso, pero que si repasamos los últimos torneos internacionales, nos encontramos con la ingrata sorpresa que los incidentes han superado a lo estrictamente deportivo. Lo más triste del asunto pasa por la importancia que la prensa le da a cada enfrentamiento, sin asumir la responsabilidad de que parte de esos problemas, no son más que el reflejo de lo que se le está vendiendo a la gente.

Un claro ejemplo de poco fútbol y situaciones propias de un enfrentamiento bélico mucho más que deportivo, es la famosa Copa Libertadores de América. Estamos de acuerdo que es el evento más importante de clubes a nivel continental, pero también convengamos que su historia delictiva arranca en la década del 60 y de allí en más hasta nuestros días. Ganar como visitante siempre fue difícil en ese certamen, mucho más si había que jugar en el Pascual Guerrero de Cali o en el Defensores del Chaco de Asunción. Eso ya era jugarse parte del pellejo y había que ser valiente para entrar al campo acosado por la cercanía de una tribuna donde más que hinchas, parecían desaforados, tirando cuando objeto tienen a mano. Y ni hablar de la ejecución de un corner, donde el jugador se tiene que agachar debajo de los escudos policiales para poder simplemente pegarle a la pelota.

Conozco todos los países de América del Sur, la mayoría de Centroamérica y gran parte de Europa y para serle sincero y aunque los nombrados sean los abanderados del desorden, yo no llevaría tranquilo a ningún hijo mío a presenciar un cotejo de esas características. Y ni hablar de los juegos pirotécnicos que más de una vez terminaron quitándole un ojo a un ser humano, cuya única culpa era estar de pie en la tribuna.

El periodismo del mundo, que ve un gran mercado alrededor de torneos de estas características, se limita muchas veces a decir que lo extra futbolístico incidió en el resultado, cuando la realidad es que los responsables deben ser procesados judicialmente como corresponde a delincuentes comunes. El colmo de los dirigentes en muchas ocasiones, es decir que solo pueden tirar botellas de plástico, porque otra cosa no se vende, sin pensar que esos mismos envases llenos de agua, son como piedras que le pueden costar la vida a cualquiera.

El año pasado tuvimos varios ejemplos de este tipo y nadie se preocupa realmente para que se produzcan cambios, ni habrá posibilidad alguna que suceda, dado que es un problema que radica en la inestabilidad social de la mayoría de los países que están involucrados, donde la mala educación y el poco respeto por un semejante, son cosas demasiado comunes.

La locura del entorno en algunos países llega incluso a crear programas partidarios de televisión, donde lo principal es insultar al rival y no alcanza ganar, sino que hay que ridiculizar al equipo perdedor y generar pasiones que están casi al borde del odio. La excusa del fútbol da para todo.

En medio del desierto, dígase Estados Unidos de Norteamérica, estamos hablando de fútbol para que nadie se equivoque, aparece este oasis donde los jugadores pueden actuar con absoluta tranquilidad y los fanáticos, locales y visitantes, dialogan como si fueran del mismo equipo, e increíblemente en muchas ocasiones los parciales de uno, le terminan pidiendo autógrafos a los rivales, mientras las esposas, hijas y hasta nietos en brazos, disfrutan de un verdadero picnic de verano en las tribunas, donde se ubican tan cómodos como en una función de Broadway. Y sí, es probable que por momentos falte talento o que la fuerza sea mayor que la técnica en otros casos, pero cuanto vale el poder disfrutar de todo lo anterior.

El próximo año la presencia de nuevos equipos, fundamentalmente de las Chivas USA, generará un calor diferente. Los estadios más pequeños, le darán también un clima mucho más acorde con la frialdad de algunos monstruos de cemento donde se pierden como hormigas veinte o treinta mil espectadores. Bienvenidos todos los cambios que servirán para seguir creciendo, pero no nos olvidemos de lo maravilloso que resulta poder disfrutar en paz de cada partido. Mantengamos esos valores que, por lo menos a mí, me hacen sentir orgulloso de disfrutar de este fútbol.

Robert Sierra, quien comparte la conducción del programa 'Sólo Fútbol' y en las transmisiones radiales de MetroStars por Radio WADO en Nueva York, es un periodista con años de experiencia en Uruguay y en los Estados Unidos. Este artículo no fue sujeto a la aprobación de la Major League Soccer ni de sus clubes.


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