El Salón de la Fama, una buena idea

La misión del Salón de la Fama es celebrar la historia,
brindar honor a los héroes, inspirar a los jóvenes y
preservar la legalidad del fútbol en los Estados Unidos. Quien puede oponerse a estos principios, a grandes rasgos el ideal de cualquier celebración con relación al deporte que sea.

Año a año, el Salón de la Fama tiene tres nuevos miembros, cada uno con su trayectoria, relacionada con la vida misma del fútbol, una historia reciente en resultados, no tanto en presencia internacional, dado que ya en 1930, en oportunidad de celebrarse la primera Copa del Mundo, los Estados Unidos tuvieron también su representación.

De allí en más se alternan aciertos y errores, hasta
que hace nueve años, arranca la primera Liga Profesional realmente en serio que ha tenido este país. La Major League Soccer poco a poco ha dado la solidez necesaria para arrancar definitivamente con un desarrollo tan necesario como la presencia del fútbol mismo.

En el Salón quedarán plasmadas para siempre las imágenes de los pioneros del fútbol, en la especialidad que sea, aquellos que fueron ídolos y que a través de sus vitrinas serán recordados por las generaciones futuras como auténticos símbolos nacionales. El apoyo de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y la Asociación de Entrenadores, como así también de una fundación destinada a ese fin, ha sido decisiva, para que esta idea se convierta en un verdadero suceso deportivo.

Quizás se pueda trabajar para perfeccionar algunas cosas, como el sistema de elección de sus miembros y quienes tienen la autoridad necesaria para participar de esas votaciones, pero en definitiva, se va haciendo camino. La realidad de una sede estupenda, de un museo que es orgullo nacional y está permanentemente abierto al público, para conocer detalles de la evolución de este deporte, es demasiado importante para verse opacada por pequeños detalles que, estoy seguro, día a día se podrán corregir.

En las vitrinas de este monumento al fútbol en los
Estados Unidos, con sede en Oneonta, en el estado de
Nueva York, han quedado para siempre los trajes de
Pelé y de Mía Hamm, así como el recuerdo de los más grandes
acontecimientos, ya sea a nivel de hombres como de
mujeres, alcanzados en Campeonatos Mundiales, Olimpíadas y todo tipo de competencias internacionales
en los que ha tenido representación el pueblo
norteamericano. Igualmente lo más relevante del
panorama local.

En el 2005 tres nuevos nombres pasan a ocupar un sitio
de privilegio dentro del Salón. Marcelo Balboa, Tab
Ramos y John Harkes. Para los aficionados al fútbol es
un acontecimiento muy grato, dado que cada uno de
ellos es un pedacito importante de la propia vida y
desarrollo del fútbol en los Estados Unidos. Marcelo,
de padres argentinos, pero nacido en el país, ha sido
siempre un símbolo de entrega, liderato y aptitudes
técnicas. Tabaré, nacido en la República Oriental del
Uruguay, llegó al país a muy temprana edad y fue viviendo su sueño americano, que hoy resulta una auténtica realidad. Harkes fue siempre un ganador de apoyo incondicional para la selección nacional. Los tres tuvieron actuaciones internacionales en diferentes países y los tres, vistieron con honor la casaca nacional.

Al recibir la noticia de su incorporación, no pudieron ocultar su emoción y expresar similares conceptos, de agradecimiento a quienes los nominaron y a todos aquellos que los apoyaron durante su larga y efectiva carrera deportiva. "Me parece un sueño", "no podría estar más orgulloso", "necesito sentarme", fueron algunas de las primeras palabras, de quienes serán los nuevos miembros del Salón de Fama.

En la ciudad de Nueva York, compartimos la investidura
con Tab, quien estuvo rodeado por su esposa e hijos y
por miembros de la prensa local, mientras que en
cadena nacional de televisión, el programa del Salón de
la Fama, lo ponía en contacto con Marcelo Balboa y
John Harkes en otros estados de la Unión Americana.

Que momento, diría un famoso colega de profesión. Uno
de los más importantes, sino el más, en la vida de un
futbolista, sobre todo, luego de haberse casi olvidado
de ese apoyo de la tribuna de cada fin de semana, sin
el que a muchos, se les ha hecho casi imposible vivir.
Un reconocimiento muy merecido sin duda, a tres
grandes del fútbol de este país, que supieron además,
abrir fronteras en tiempos pasados, donde la actuación
de un futbolista norteamericano, no era frecuente en
el exterior.

Quizás podríamos pedirles algo muy simple. El fútbol
de este país los necesita. Su obra con los jóvenes
puede ser la gran base para un futuro mejor. Quien
mejor que ellos, verdaderos ídolos de reconocimiento
popular, para seguir involucrados, como en alguna
medida lo han hecho hasta el momento, en un deporte
que les ha dado absolutamente todo, sin pedir nunca
nada a cambio. Es el momento de recibir y retribuir.
Felicidades a los tres.

Robert Sierra, comparte la conducción del programa "Sólo Fútbol" y en las transmisiones radiales del MetroStars por Radio WADO en Nueva York, es un periodista con años de experiencia en Uruguay y en los Estados Unidos. Si quiere hacerle algún comentario, escríbale a Sierramls@yahoo.com. Este artículo no fue sujeto a la aprobación de la Major League Soccer o sus clubes.


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