Cuidado con las mafias

Suena escabroso, pero es una realidad no de ahora sino de hace mucho rato en el mundo del fútbol, el ingreso de dineros calientes que aprovechan la popularidad de este deporte para intentar "blanquear" de alguna manera dinero mal habido en algunos casos y en otros mucho más puntuales para ganar dinero rápido e ilícito utilizando la, ahora muy de moda, ruta de las apuestas. Primero fue descubierta en Alemania y ahora el escándalo toca las puertas de otro grande como Brasil en pleno Brasileirao, como se le denomina al actual torneo brasileño.

Ver las crudas imágenes del silbato Edilson Pereira de Carvalho entregándose a las autoridades brasileñas e incluso el mismo ayudando a colocarse las esposas para ir detenido son una dura prueba para el fútbol y el entorno que hoy por hoy rodea al mas popular de los deportes por culpa de los apostadores. La FIFA a pasos acelerados intenta desde hace algún tiempo profesionalizar el arbitraje como medida de precaución para darle a los silbatos ingresos superiores a los actuales que los coloquen un poco más lejos de las tentaciones monetarias. Quizá la medida pueda dar resultados en el mediano plazo, pero lo que si es una realidad es que hoy en este presente real que vivimos el arbitraje es susceptible de esos indecorosos deslices teniendo en cuenta que es una "profesión" alternativa en la mayoría de los casos que se ejerce más con sentimiento de hobbie o pasatiempo que como verdadera y real profesión.

La gran mayoría de los árbitros no pueden subsistir solo con lo que el referato les genera y aunque la rectitud debería ser una norma sólida de conducta en estos personajes, ellos como cualquier otro ser humano son parte de la realidad social y están expuestos a la tentación del dinero fácil. Las mafias se aprovechan de la situación y tocan música al oído de un silbante que cree fácil digitar con sus actitudes un partido para lograr sus malignos propósitos.

Cuidado. Hoy es el arbitraje, pero antes fueron los clubes de diferentes países quienes creyeron en las famosas "inversiones" millonarias que al final solo fueron el vehiculo ideal para justificar fortunas mal habidas y "lavar" dinero ilícitamente logrado. Los apostadores se toman el mundo y las inmensas sumas que se mueven en esa industria cruzan con facilidad los umbrales de la ética humana.

Once partidos se deben repetir en el Brasil por culpa de este tema del fraude arbitral y con ello la CBF, Confederación Brasileña de fútbol, intenta en parte remediar el hecho punible que dejo de ser deportivo para convertirse en judicial. Triste para el fútbol que se vivan estos temas en el diario acontecer, pero en el fondo deben servir para abrir más el ojo de las federaciones en la escogencia de sus árbitros. De ahora en más quizá lo más factible sería seleccionarlos no solo por el conocimiento del reglamento y por sus condiciones físicas, sino ser sometidos a investigaciones más de fondo en donde se conozca su nivel de ingreso, su potencial ético, su calidad intelectual y su comportamiento humano.

Recordemos que son jueces y así como en las cortes se investiga día a día a quines administran la justicia y a quienes potencialmente pueden administrarla, el fútbol podría recurrir a un proceso similar, que es cierto no curaría el mal de raíz, pero al menos intentaría alejar un poco los fantasmas que lo aquejan. Las mafias son sólidas en lo económico y temerarias con sus actitudes por eso la única manera de vencerlas es perderles el miedo y enfrentarlas. No permitamos que el deporte más popular de la tierra sea invadido por los maleantes en muchos casos anónimos, pero en otros muy sobriamente vestidos de saco y corbata jugando a los ejecutivos y mezclándose con los buenos para desde allí conocer las intimidades.

No solo la FIFA debe actuar desde la cúpula, también en las Confederaciones y en las Asociaciones se debe proceder, porque al paso que vamos un puñado de malevos nos esta obligando a rearbitrar el fútbol.

Ricardo Mayorga, ha sido comentarista por doce años de Telemundo, Univision y Telefutura en Estados Unidos además de periodista sindicado de radio y columnista de periódicos como Triunfo en Atlanta, El Tiempo Latino de Washington y HOY en Nueva York, Chicago y Los Ángeles.


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