A España se le atragantó el ‘Suizo’ y Uruguay gana por goleada

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DURBAN.- La historia del fútbol español está plagada de desaciertos como la que el once de Vicente del Bosque protagonizó en su esperado bautismo de fuego mundialista en Sudáfrica. No funciona bien la escuadra ibérica cada vez que se firma el acta de defunción de su rival (en este caso Suiza) antes de producirse.


Y ya se sabe que en fútbol todo es posible, hasta que, por ejemplo, un equipo mediocre, con un fútbol tan plano como el del encefalograma de un muerto y con un armario-mueble de 35 años haciendo las veces de atacante-islote te acaba dando el día, la tarde y la noche.


Suiza hizo lo que sabe, que no es mucho, pero le sacó el máximo rendimiento ante un combinado español que saltó al césped con la vitola de gran favorito al título por primera vez en su historia, pero que a la hora de la verdad se dejó en el vestuario lo más importante: su identidad como equipo, esa mezcla explosiva de velocidad en el desplazamiento del balón unida a la precisión en los pases al hueco, sobre la espalda de los zagueros enemigos, que han convertido en los dos últimos años a esta España en la bandera del arte y el buen gusto.


Las altas expectativas creadas por el actual campeón de Europa se vieron frenadas de raíz por el cerrojazo helvético. Hitzfeld no se complicó la vida. Perro viejo donde los haya, el técnico alemán se estudió de memorieta el libreto del once hispánico, y puso los medios adecuados para combatirlo. Que luego saliera o no, dependía de dos factores: primero, que sus hombres cumplieran a rajatabla sus instrucciones (lo bordaron sus chicos). Segundo y más importante aún, que España no anduviera fina y se encasquillara en medio del campo de minas que sembró el entrenador natural de Lörrach, sin duda nuevo héroe nacional helvético tras la primera victoria de Suiza sobre España desde que el mundo gira en torno a una pelota.


Si los partidos se ganaran por la posesión de balón, España habría goleado a su rival, que renunció en todo momento y de forma descarada de la razón de ser de este deporte.


Con diez hombres por detrás de la línea del balón, Suiza formó dos líneas de contención que acabaron siendo el muro de las lamentaciones del cuadro español, demasiado lento y, por ende, previsible para hacer siquiera cosquillas a Benaglio. Tanto es así que, pese a hacer suya la pelota, los de Del Bosque tardaron 17 minutos en tirar a portería, aunque fuera un remate blando e inocente de Silva. A España le faltaba frescura, versatilidad en sus rotaciones de balón, y Suiza se iba sacando de encima poco a poco el complejo de medirse a una escuadra técnicamente mil veces superior. Otro acierto de Hitzfeld que nunca supo contrarrestar su homólogo español fue poner a Inler a perseguir a Xavi por todo el campo.


El cerebro del Barça y de la selección está especialmente incómodo cuando le ponen un 'perro de presa'. Obligado a modificar sus hábitos, España echó en falta el control que suele hacer de la situación en cada instante del juego el de Terrassa, marcando el tempo de su escuadra y metiendo pelotas imposibles entre las rendijas que deja la zaga rival.


DERDIYOK, COMO MESSI


El equipo no terminaba de arrancar, pero una contra delirante del once helvético iba a poner patas arriba el encuentro a la vuelta del descanso. Gelson Fernandes logró romper la línea Piqué-Puyol con una extraña carambola, exigió en el mano a mano a Casillas, la pelota quedó muerta en el área pequeña, y el joven volante de origen caboverdiano logró empujarla al fondo de las mallas ante el gesto desencajado de Del Bosque (52').


El 0-1 obligaba al técnico salmantino a tomar cartas en el asunto, a tomar rápidas decisiones que abortaran esa sensación de equipo previsible que estaba dando España. Pero el necesario 'Plan B' llegó tarde y mal. Iniesta tenía los plomos fundidos desde el arranque del acto final, pero esperó hasta casi el final para darle descanso, y lo hizo cuando cayó de nuevo lesionado. La entrada de Navas por Silva pretendió dar más amplitud al campo y forzar los uno contra uno del sevillista con Ziegler. En verdad, tuvo al menos veinte, pero cuando conseguía su objetivo y cruzaba el balón, sus pases se quedaban cortos.


España volcó exageradamente el juego por la derecha y prácticamente se olvidó del sector opuesto, y eso que la entrada de Pedro aparentemente pretendía alternar los ataques por ambos costados para sacar de su madriguera a los helvéticos.


A todo esto, Suiza ya se había soltado la melena y Derdiyok era su particular Rey León. El versátil atacante del Bayer Leverkusen se transformó en Messi y bailó a los dos zagueros hispanos antes de estrellar la pelota en el poste con una maniobra digna del argentino del Barça. La Roja suspiró ante lo que pudo ser el 0-2 y siguió en su particular batalla por reencontrarse a sí misma antes de que se consumara la tragedia. Pero los milagros escasean en este deporte si uno no pone los medios adecuados para que se produzcan. Por cierto, segunda derrota de La Roja en 47 partidos.


EL ANTÍDOTO DE LAS VUVUZELAS SE LLAMA FORLÁN


Uruguay cerró la jornada dando otro varapalo a la entusiasta hinchada local (cuyo segundo equipo en preferencias es España) obteniendo un triunfo (0-3) que allana el camino de los octavos de final para los charrúas. Como no podía ser de otro modo, tuvo que ser Diego Forlán, su hombre más determinante, quien lograra silenciar por dos veces a las insoportables Vuvuzelas. La primera, con un lanzamiento lejano que, tras golpear en el rostro de Mokoena, se transformó en un meteorito incontrolable que superó a Khune y acabó alojándose en su portería tras rozar en el travesaño (24').


A Sudáfrica le faltó la frescura de la jornada inaugural y eso facilitó mucho la labor de un Uruguay que apenas debió emplearse a fondo en materia defensiva dada la inoperancia de los pupilos de Parreira.


Los Bafana Bafana notaron esta vez en sus carnes la presión de tener que dar el do de pecho ante los suyos en el día clave, puesto que en la última jornada se verán las caras con Francia, un enemigo excesivamente complicado para buscar el pase a la siguiente ronda y no pasar a la historia de la competición como el primer anfitrión que fue incapaz de cruzar la línea de la primera fase.


Uruguay llevó el partido al terreno en el que se siente más cómodo, esperando en sus dominios bien pertrechados y saliendo esporádicamente a la contra para explotar la capacidad rematadora de su tridente de lujo, Forlán-Suárez-Cavani. Y los tres dispusieron de ocasiones claras como para ampliar el 0-1, en especial el atacante del Palermo, a quien Suárez habilitó en un par de ocasiones.


En pleno empuje sudafricano (más con el corazón que con la testa) llegó la jugada que cercenó del todo las esperanzas locales. Suárez rompió el fuera de juego, se plantó ante Khune y le sacó un penalti que sólo vio Busacca y que dejó a Sudáfrica de paso con un hombre menos por la expulsión del meta de los Kaizer Chiefs.


Forlán asumió su papel de gran jefe charrúa y ejecutó sin piedad a Josephs, el sustituto de Khune que poco pudo hacer para evitar el segundo mazazo de la noche. El definitivo. Ya en el descuento (93'), Alvaro Pereira puso la guinda a la goleada charrúa. Y adiós a los 'moscones'.


David Ruiz es redactor del prestigioso Diario Marca de España.  En cobertura especial desde Sudáfrica, Ruiz colabora con artículos para FutbolMLS.com.


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