El rey del repechaje hace historia en Sudáfrica

DURBAN, Sudáfrica -- Nunca antes en la historia de los Mundiales una selección tan pequeña había dado tanto que hablar. Pero Eslovenia, el país con menor población de cuantos participan en Sudáfrica 2010 (apenas supera los dos millones de habitantes), lleva casi dos décadas jugando a ser David en un mundo lleno de Goliats, y no se puede decir que le haya ido mal.


La victoria de su equipo nacional sobre Argelia y el increíble empate frente a Estados Unidos después de ir ganando 2-0 le han otorgado de pleno derecho el calificativo de equipo revelación del torneo sudafricano hasta el momento.


Más de uno en los Estados Unidos debe estar aún preguntándose de dónde han salido esos demonios eslovenos que pusieron en jaque al once de Bob Bradley.


La respuesta hay que buscarla en uno de los episodios más sangrientos de los últimos tiempos: el conflicto de la antigua Yugoslavia.


Frontera natural con Austria, Italia y Croacia, Eslovenia fue hasta el verano de 1991 el miembro más occidental, tanto geográfica como ideológicamente, de la República Federal yugoslava. De hecho, la desmembración del país balcánico tras la caída del Muro de Berlín, que desembocó en un largo conflicto armado, arrancó en este pequeño y paradisiaco reducto a la sombra de los Alpes Julianos y que hasta su adhesión en 2004 a la Comunidad Europea funcionó con el Tólar, moneda creada en homenaje al dólar americano, cuya economía de mercado ha sido desde su nacimiento el gran referente de este pacífico pueblo.


Eslovenia constituyó su propio parlamento a mediados de junio de 1991 y el día 25 se proclamó independiente del gobierno de Belgrado. Para celebrarlo, disputó en la localidad de Murska Sobota su primer partido como nación frente Croacia, que había optado por seguir el ejemplo de sus vecinos alpinos y desligarse de la vieja Yugoslavia.


Pero mientras la pelota rodaba en Murska Sobota, el presidente federal, Slobodan Milosevic, enviaba al ejército para aplacar la rebelión de croatas y eslovenos. El rápido reconocimiento por parte de la comunidad internacional de su nuevo status y el hecho de que las tropas yugoslavas se toparan camino de Ljubljana con una fuerte resistencia croata, evitó que Eslovenia se viese salpicada por un derramamiento de sangre que se prolongó hasta 1995.       
 
LA SELECCIÓN, SU MEJOR EMBAJADOR


Esa obstinada determinación a dirigir sus propios asuntos se trasladó casi de inmediato a la parcela deportiva, más en concreto al fútbol. De hecho, su selección se ha convertido en el mejor embajador esloveno de cara al mundo. Tanto es así, que la camiseta que lucen sus internacionales en cada partido podría considerarse una especie de reclamo turístico.


El verde representa las inmensas praderas y sus ricos pastizales, mientras que el relieve en blanco con forma de montaña hace alusión al monte Triglav, el pico más alto (2.864 metros) y orgullo nacional de la pequeña nación balcánica.


Pese a disponer de un volumen de licencias federativas bajísima, Eslovenia ha sido capaz de alcanzar en su aún corta existencia como país las fases finales de dos Copas del Mundo (2002 y 2010) y una Eurocopa (2000). Curiosamente, en las tres ocasiones tuvo que acudir al repechaje para obtener el anhelado pasaje al concluir la fase clasificatoria como segundos de grupo, y en las tres lo consiguió contra todo pronóstico.


En la primera, un gol de Miran Pavlin dejó en la cuneta a Ucrania para hacer historia y acudir al Europeo de Bélgica y Holanda apenas nueve años después de su independencia. Dos años más tarde, Eslovenia eliminaba a Rumanía y se ganaba el derecho a disputar su primer Mundial en Corea y Japón, del que se marchó con tres derrotas.   


A finales del año pasado, un tanto de Dedic a los 44 tumbaba a Rusia en Maribor gracias al 2-1 obtenido en la ida y sellaba su pasaporte para su segunda Copa del Mundo.   


La nueva hazaña lograda por el seleccionador Matjaz Kek tiene quizás más mérito que las anteriores, al carecer de nombres de peso en el panorama internacional. Y es que tras la retirada de Zlatko Zahovic (80 partidos y 35 goles), el mejor talento del que ha disfrutado Eslovenia desde que se separó de Yugoslavia, el combinado balcánico cuenta con un humilde once formado por jugadores que militan en clubes de segunda fila en Italia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Francia, Polonia o Grecia.


Pese a ello, este desconocido equipo vuelve a mostrar su gran determinación en Sudáfrica, donde por lo pronto ya ha logrado su primer triunfo mundialista a costa de Argelia y está dispuesto a plantar cara a la Inglaterra de Capello para seguir promocionando sus montañas, sus lagos y sus bosques sacados de un poema de Whitman.


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